FENDI CRUISE: EL MANIFIESTO DE MARIA GRAZIA CHIURI Y EL RENACER DE SUZIE
The Walk
Imágenes cortesía de FENDI
Para Maria Grazia Chiuri, la primera colección cruise para FENDI trasciende la mera sucesión de prendas sobre una pasarela. Se erige como el relato de un proyecto en ebullición, el manifiesto de una metodología de trabajo y una rotunda declaración de intenciones. Reafirmando su innegable matriz como diseñadora italiana, Chiuri pone el foco en los procesos, la excelencia de los materiales y la experimentación formal, devolviendo a la moda su papel fundamental: ser un instrumento de autoconciencia y el arte de lo posible.
La Burguesía como Intersección Moderna
En esta colección, Chiuri rescata y redefine una palabra a menudo cargada de prejuicios: la burguesía. Lejos de limitarla, la utiliza para evocar una categoría amplia e inclusiva; un auténtico cruce de caminos donde convergen cuerpos, generaciones, comportamientos y deseos.
El guardarropa contemporáneo que propone FENDI se basa en un diálogo empático entre el cuerpo y la tela, una relación íntima que se transforma con el paso del tiempo y con la percepción, a menudo inquieta, que tenemos de nosotros mismos. Hombres y mujeres caminan lado a lado, compartiendo piezas intercambiables que fungen como un compendio de infinitas posibilidades vestimentarias.
"Meno io, più noi" (Menos yo, más nosotros) — El lema utópico y humanista elegido por Chiuri para esta colección, simbolizado a través del Árbol de la Vida que adorna la propuesta.
Alquimia Textil y Ruptura Sintáctica
Chiuri fuerza la sintaxis tradicional de la moda para generar nuevas actitudes, moldeadas por la sensibilidad de nuestro tiempo. La claridad de las líneas clásicas encuentra una nueva y potente voz a través de los contrastes matéricos.
El engaño visual se hace presente en conjuntos de camisa y pantalón que, a primera vista, parecen una sola pieza; una suerte de uniforme moderno diseñado para descomponerse y recomponerse según la necesidad del portador. Por otro lado, el pergamino y el cuero chocan de frente: el pergamino, material histórico de la marca, dialoga audazmente con el cuero negro tachonado en una baguette reinventada. En la ropa, el pergamino se transforma en puro color, contrastando violentamente con el negro absoluto.
Vemos también cómo el georgette y el plastrón se unen, haciendo que la delicadeza de un vestido mute al ser intervenida por un rígido parche de cuero. El nuevo trench evoluciona como una icónica gabardina construida ahora con líneas de piel subrayadas por tachuelas en forma de cuña. Finalmente, los destellos nocturnos del encaje plateado y los bordados de lentejuelas aportan un fulgor inesperado a la sobriedad de las formas.
Más Allá del Espejo: El Cine como Lienzo
Para presentar esta visión, la colección se acompaña de un cortometraje que funciona como un libro de cuentos animado, rindiendo un nostálgico homenaje al que es considerado el primer fashion-movie de la historia: Histoire d’Eau (1977), dirigido por Jacques de Bascher por encargo de Karl Lagerfeld. Para entender la magnitud del nuevo metraje, es vital observar el contraste entre ambas obras, separadas por décadas pero unidas por el mito de Suzie, su protagonista.
En la obra original de 1977, el escenario es una Roma luminosa, con fuentes vibrantes al ritmo del compositor Respighi, mientras que el short-cut de Chiuri nos transporta a un palazzo racionalista desierto de la Roma de mitad del siglo XX, dominado por la penumbra y el mármol. La protagonista, aquella joven errante bañada por el sol que interactuaba con el mundo exterior y las hermanas Fendi, ahora se revela como una Mujer-Garuda, una embajadora de fuerza vestida de plumas negras, incorruptible y divina.
En cuanto a la atmósfera visual, pasamos de una ilusión lúdica y ensoñación diurna donde la imaginación transforma la realidad, a una pintura en movimiento, a medio camino entre Kubrick y Sokurov, llena de tensión solemne entre el inconsciente y la razón. El rol del entorno también muta dramáticamente: la ciudad deja de ser un patio de recreo para la imaginación de Suzie y da paso a unas imponentes escaleras que actúan como el teclado de un piano, marcando el ritmo hacia el fin de los tiempos.
La Mujer-Garuda y la Suspensión del Tiempo
En el short-cut de Chiuri, la nueva Suzie entra a paso calibrado en un palacio de líneas clásicas y latinas, donde reina la síntesis extrema y la superposición metódica entre ornamento y función. Vestida de un negro que resume todos los colores, y envuelta en plumaje, se revela como un ente que se eleva sobre los frágiles destinos humanos, protegida por su propia naturaleza divina.
La película deja de ser mero cine para convertirse en arte reflexivo. Cada fotograma parece irreparable; un instante que podría corromperse por la nefasta irrupción de la realidad. Las escaleras dominan la escena, dictando las apariciones y desapariciones de las musas inquietantes que acompañan a Suzie, en un juego silente que mezcla ajedrez, esgrima y danza clásica.
Al final, cuando Suzie abandona el palacio y deja atrás la vigilia desolada de los mármoles y las sombras, no regresa a la Roma que soñó. Rechaza el mundo al que no pertenece. Se encamina hacia sus propios créditos finales, volando, lista para adentrarse en el siguiente sueño.